
JORGE MENDOZA YESCAS
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El presidente y el poeta

La reunión para el Dialogo Nacional por la Paz sostenida el 23 de junio entre el presidente Felipe Calderón –y su gabinete de seguridad- y el poeta Javier Sicilia –y miembros del movimiento que encabeza- tiene un significado enorme para el avance democrático del país. Sea o no que el gobierno dirigido por Calderón se encuentre equivocado respecto a las estrategias que hasta el momento ha implementado para atacar al crimen, el hecho de abrir el pecho y dar la cara ante un grupo ciudadano -de víctimas en este caso- implica que al menos los miembros del Poder Ejecutivo federal han empezado a asumirse como mandatarios de la ciudadanía. Recordemos que mandatario es aquel que acepta el mandato decretado por el mandante y, se supone, está dispuesto a cumplirlo. Ellos, funcionarios, son mandatarios de la ciudadanía, la mandante.
Podría pensarse que ante lo abrumador de la realidad que imponen 40 mil muertos y sus deudos al país es que el presidente se siente presionado y ha decidido hablar de frente a los representantes ciudadanos de aquellos. Sin embargo, como bien señala el historiador Enrique Krauze, en los conflictos estudiantiles de 1968 la realidad le exigía al entonces presidente Gustavo Díaz Ordaz hablar de cara a los representantes de ese movimiento, pero nunca quiso y el resultado fue la matanza del 2 de octubre. Si bien es cierto, las condiciones eran otras, no debemos desdeñar la valentía del actual presidente. Con Vicente Fox las condiciones ya eran las actuales y muchas veces, ¿Cuántas no? escondió la cabeza.
En el dialogo entre Calderón y Sicilia se pudo notar, al inicio, cierto nerviosismo y zozobra en los rostros del equipo del primero. El segundo empezó con reclamos certeros, duros, lo necesariamente respetuosos, como de quien se asume investido del mando. Recriminó el haber emprendido la lucha contra los criminales sin haber primero barrido la casa por dentro, es decir, contando con una estructura institucional endeble, deficiente y corrupta. Continuó con propuestas concretas que apuntaron más a la recomposición del tejido social, es decir, al ataque de las causas. Calderón inició algo acartonado y adusto, pero al paso de unos minutos mostró talante de líder y sostuvo que consideró como imperativo moral y legal lanzarse en contra de los criminales a la brevedad, sin esperarse a lograr las reformas necesarias para llevar a cabo la lucha. Estas se intentaban sobre la marcha.
Asimismo, el presidente brindó una explicación respecto al nuevo esquema utilizado por los narcotraficantes: antes, los carteles de la droga se limitaban a destrabar las rutas de la droga hacía Estados Unidos, por lo que sólo era necesario corromper a las autoridades involucradas en esos trayectos. Ahora, los narco menudistas se han establecido en los pueblos y ciudades, y enfocan esfuerzos en corromper a toda la corporación policíaca local a fin de ofrecer las drogas a la gente, sobre todo jóvenes, por lo que deben desplegar además una gran violencia a fin de mantenerse como dueños de las plazas.
Sicilia insistió en su reclamo: los ciudadanos estamos entre dos fuegos, el que representan los criminales y el que representan aquellos que nos deberían cuidar de ellos, los funcionarios corruptos. Calderón lo aceptó y por momentos se puso su camisa de ciudadano, e incluso, tan bien le estaba sentando la franqueza en la que se desenvolvía el dialogo que se permitió nombrar “sepulcros blanqueados y raza de víboras” a los obispos católicos que mostraron su apoyo al ex alcalde de Tijuana Jorge Hank Rohn, de quien dijo se le encontró en posesión de armas de uso exclusivo del ejército, en comisión expresa de un delito, más allá de las condiciones en que se haya efectuado su detención. En este punto ya se había hecho notoria la empatía de dos hombres que comparten la misma fe espiritual, a un mismo nivel intelectual y de compromiso: Calderón y Sicilia son católicos practicantes –no nominales- y pensantes. Incluso, no me extrañaría que Calderón sea admirador de la poesía de Sicilia vinculada a la mística cristiana.
Este dialogo de frente del presidente con un grupo emblemático de ciudadanos podría, ojalá, ser el inicio de una nueva costumbre. Pero es menester que este ejercicio no se limite al Ejecutivo Federal, sino a los otros dos poderes federales, así como a los tres poderes políticos de cada entidad federativa y en lo correspondiente a las autoridades municipales. Obviamente, para ello no basta la disposición de la cabeza del Ejecutivo Federal sino de todos aquellos que ostenten un cargo público.
No obstante, lo que más importa es la disposición de todos los ciudadanos en involucrarse en la vida política y social del país. Se debe exigir a las autoridades, siempre de manera respetuosa y organizada, que cumplan con sus obligaciones, a la vez que nosotros ciudadanos debemos cumplir con las nuestras, las cuales no son pocas. Javier Sicilia y el movimiento iniciado por él constituyen tan sólo una muestra de hasta donde se puede llegar cuando la exigencia ciudadana al gobierno es genuina, se encuentra libre de intereses políticos y es arropada por el manto de la autoridad moral que sólo se obtiene con la congruencia de vida, es decir, entre lo que se dice y lo que se hace. Nadie duda de esa congruencia en el poeta y en los miembros del movimiento. Hagamos que nadie dude de la nuestra.
*Columna publicada en el Semanario Éxodo, de Ciudad Obregón, el 28 de junio de 2011 y en Portada de Sonora, de Caborca, en su portal de Internet en la misma fecha.
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